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Distorsiones Cognitivas y Violencia Sexual

01 de agosto 2020

Autor/a: Paula Jara Rojas – Claudio Paredes Lopendía

Las agresiones y violencia de carácter sexual, afectan principalmente mujeres, estimándose en  más de  un 89,5% mujeres en calidad de víctimas de este tipo de delitos.[1]

En el ámbito familiar, las dinámicas se han visto afectadas producto del confinamiento que se vive a raíz de la Pandemia, encontrándose en algunos escenarios, mayor tensión, cambios de carácter y complicaciones regulares en la capacidad de adaptación de los/as integrantes del grupo familiar a nuevas rutinas y demandas, como lo son: cambios de horarios, tele-trabajo, educación a distancia, tránsito libre, labores domésticas, entre otras.

Dicha variables, ¿“justificarían” la violencia y el maltrato que viven mujeres niñas, niños y adolescentes y por qué no, personas en situación de discapacidad? La misma pregunta podemos hacerla al hablar sobre violencia sexual, ¿el género, la situación, estado o condición podrían ser los detonantes para la comisión de delitos sexuales?

¿Qué ocurre con las distorsiones cognitivas? El análisis en este ámbito es de suma importancia, ya que observamos a nivel social cómo dependiendo de las dinámicas establecidas entre la víctima y el agresor -cómo creemos-  o como se presentaba en la teoría antigua, “victima participante o provocadora”, se “condicionaría o justificaría” la ocurrencia de los delitos sexuales”, restando la responsabilidad a quien comete el delito, delegando la responsabilidad a la víctima, tendiéndose en ocasiones a normalizar el acto.

Lo anterior, no hace más que validar la desigualdad existente entre hombres y mujeres, reconociendo la supremacía que los hombres pueden ostentar sobre los cuerpos, deslegitimando los derechos de la mujer, evidenciándose micro – machismos existentes en nuestra cultura, <distorsiones cognitivas>, que no hacen más que legitimar lo irracional, llevándolo al plano de lo racional en las esferas públicas. A esto sumamos, una institucionalidad religiosa que ha sido cuestionada por el silencio sostenido tras los reiterados delitos sexuales denunciados por sus víctimas; una herencia social “conservadora” y rígida, que muchas veces ve con temor, el actuar de mujeres y  de los movimientos sociales orientados a demandar el disfrute pleno y efectivo de sus derechos.

Es este ámbito, donde hacemos un especial llamado a hombres, mujeres y sociedad en general a acabar con este tipo de distorsiones y creencias, a cambiar de mirada, en promover una educación sexual transversal, cuyo énfasis esté dado por el reconocimiento, ejercicio y resguardo de los Derechos Sexuales y Reproductivos y no por las creencias de grupos “conservadores”. Así mismo, llamamos a generar conciencia en la educación de niños, niñas y adolescentes, re-direccionado la mirada legitimada hasta ahora de la educación que se entrega a las niñas para prevenir el Abuso, concientizando y responsabilizando a niños, niñas y adolescentes sobre el respeto, el reconocimiento y validación del <espacio íntimo, público y privado> y de sus derechos, educando a los/as adultos/as sobre la importancia de promover un desarrollo sano, libre de ofensas y de malos tratos a la infancia y a la adolescencia.

Este proceso, si bien, puede reconocerse como una labor titánica, la verdad, es que nadie puede estar ausente, donde la articulación de los distintos actores, ciudadanía, sociedad civil, sector público y privado, instituciones de salud, educación, legisladores, Poder Judicial y el Estado, entre otras, en su conjunto pueden articular Políticas Públicas con Perspectiva de Género y  Enfoque de Derechos. Todos somos responsables, de fracturar y terminar con un discurso misógino, cargado y condicionado por una cultura, carente de igualdad, lógica y de respeto por nuestros derechos.  


[1] Centro de Estudios y Análisis del Delito. Subsecretaría de Prevención del Delito (1° Semestre, 2018).

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