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Pandemia y Desigualdad

24 de marzo 2020

Autora: Paula Jara Rojas, Directora Ejecutiva

El 8M marchamos más de 2 millones de mujeres  por las calles de la ciudad de Santiago, según estimó la Coordinadora Feminista, movilizaciones que se replicaron en las distintas regiones de nuestro país y en el mundo.

En Chile, los lienzos, carteles que acompañaron la marcha y cuerpos pintados de mujeres reflejaban la necesidad de ser respetadas, de exigir una vida libre de violencia, de dejar atrás el patriarcado y la violencia estructural que nos rige, recordando a todas esas mujeres que murieron a manos de sus parejas o ex-parejas. La sororidad vivida, es difícil traducir en palabras, fueron momentos únicos e inexplicables, la vivencia tomó fuerza y una cosa podemos asegurar, no estamos solas.

Sin embargo, 8 días más tarde, tomamos conocimiento público de la llegada y las consecuencias que el COVID-19 puede dejar en nuestra sociedad, generando un quiebre en el funcionamiento individual, social y comunitario, entre otros, instandonos desde la OMS a mantenernos en casa como medida de prevención de contagio, la cual ciertamente, no todos tiene la posibilidad de seguir dado que somos una sociedad que no cuenta con los privilegios para poder mantenerse en casa por más que sabemos que la salud y la vida está en riesgo.

El COVID-19 ha dejado y dejará a la vista la cara de la desigualdad social que veníamos manifestando desde el Estallido Social el 18/10/2019, siendo los adultos mayores uno de los grupos de alto riesgo en ésta Pandemia, grupo que como sabemos, carecen de un sistema de salud, de pensiones y de redes que les permita satisfacer sus necesidades básicas. Sí, básicas! Alimentación, abrigo y salud. 

Asimismo, tenemos una realidad absolutamente invisibilizada hasta el momento, que es la que viven niños, niñas y adolescentes que no cuentan con la protección adecuada, grupo que se verá expuesto a situaciones de maltrato al interior de la familia y de quienes desconocemos las medidas adoptadas por las autoridades para dar continuidad a las atenciones de quienes viven la vulneración de sus derechos.

Por otra parte, hay mujeres que viven y vivirán violencia al interior de sus hogares y que si en un  “contexto normal” (libre de COVID-19), se veían sobre pasadas y sin los apoyos necesarios para liberarse de una vida de violencia, hoy más que nunca, están sometidas al encierro, al maltrato y a la violencia. Ésta última amparada desde la perspectiva del agresor a razón del estrés y la incertidumbre que se vive en estos días.

Es por este motivo, que hacemos un especial llamado a los distintos Ministerios y Servicios a robustecer las redes de apoyo institucionales, a colocar a disposición sistemas virtuales de apoyo,  asimismo, llamamos a la comunidad en general a promover mecanismos de apoyo y monitoreo constante a través del uso de teléfonos, videollamadas y redes sociales, lo que favorecerá la protección a la víctima y a la vida de las mismas. 

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